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jueves, 15 de enero de 2015

Serenata nocturna

Esta vez me detengo en un melodrama clásico del año 1941 protagonizado por Irene Dunne (elegantísima actriz) y Cary Grant (no menos atractivo y elegante). Los dos se convierten en matrimonio en esta película: asistimos a su enamoramiento a primera vista, su breve noviazgo, a la impulsiva y breve ceremonia civil de sus esponsales, a su estancia en el lejano Japón por motivos laborales del marido... Y luego a sus vicisitudes como familia: pierden a su hijo gestado en un terremoto durante el período japonés y la tristeza les embarga hasta que se cruza en su camino la posibilidad de adoptar... no un niño rubio, de ojos claros y ya con dos años, como desean en un principio, sino una niña morena, un bebé casi recién nacido que les colma de felicidad, pese a que tienen que cerrar el humilde periódico que editan en una pequeña ciudad de provincias y se quedan sin ingresos familiares. Con ellos vemos crecer a la pequeña y contemplamos una maravillosa estampa doméstica hasta que vuelve a cernirse la tragedia, y de nuevo estos padres vocacionales se quedan sin un hijo al que cuidar y querer. La película empieza en un momento de crisis matrimonial, tras la pérdida de la hija. El sentimiento de culpa de ambos padres es profundo y se achacan el uno al otro la tragedia que han vivido. La esposa, a punto de abandonar la casa familiar, encuentra unos discos que le rememoran los momentos de la vida pasada junto al marido. La música, pues, se convierte en el hilo conductor de la historia; ella es una gran aficionada a la música popular y esta pequeña excusa sirve para dar cuerpo de una manera original a la narración en forma de flashbacks que, como digo, traen al espectador toda una vida en común, llena de las alegrías y las tristezas propias del hecho de vivir.
La película termina con un anuncio: de forma mágica, como ocurrió con la hija que tuvieron, y gracias a la bondad del ángel de la guarda que encarna la directora del orfanato donde adoptaron, estos padres rotos volverán a serlo. 

La historia así contada parece un gran pastel de merengue que cualquiera rehusaría comerse para no empalagarse. Como dirían algunos, "demasiado dulce". Sin embargo, la historia de esta feliz y desgraciada pareja engancha al espectador gracias a la empatía que generan las escenas cotidianas que comparten. Esta película, es, ni más ni menos que un melodrama, pero tiene la virtud de contar con dos guapos protagonistas, con guionistas elegantes que saben moderar las dosis de azúcar de las peripecias, y todo el conjunto parece creíble y consigue emocionar. 

Este es el único objetivo de la película: embeber al espectador (quizás, más en concreto, a la espectadora que habrá arrastrado a la compañía masculina a la butaca del cine), emocionarlo, transmitirle sentimientos y hacerle pensar que es verdad aquello de que, cuando se cierra una puerta, una ventana se abre, para todo el mundo que sufre. En fin, ni más ni menos que la idea de que el dolor tiene fin y que el sol puede volver a brillar. Durante una guerra en Europa, que es el contexto en el que se estrena esta película, el mensaje trae la esperanza, por cierto, unos meses antes de que Japón atacara las islas Hawaii y EEUU también entrara en la guerra. 

En lo que respecta al tema, la adopción, la película plantea una cuestión inquietante: ¿en qué medida la hija adoptada no sustituye al hijo perdido, y, más tarde, el nuevo hijo a la niña que también se fue? Esta cuestión no se resuelve en la película, puesto que no es lo que interesa transmitir, pero queda en el transfondo para que el espectador le dé algún tipo de respuesta. Del mismo modo, vemos el cambio en la actitud del marido, al que no le interesan los niños, que vive con cierta distancia el aborto y la posterior esterilidad de su esposa, por la que condesciende y adopta a la chiquilla que no le interesaba en un principio (él prefería al chico rubio de dos años, para evitarse los rigores de la crianza de un bebé y jugar al fútbol con él, se imagina uno), para convertirse en un padre entregado y luchador capaz de enfrentarse al mismo juez... Como ya decíamos, esta película no es ni más ni menos, que un melodrama, muy bueno, pero del que no hay que esperar nada más que emoción, mucha emoción. 


martes, 16 de diciembre de 2014

DESAYUNO EN PLUTÓN

Algunas razones para ver esta película de 2005:

 -La dirección de Neil Jordan. 
-La maravillosa composición de Cillian Murphy (un actor que me encanta, cuyo extraño rostro me inquieta y atrae a la vez).
 -La excelente banda sonora. 
-La historia: la aventura de un ser abandonado, fruto de un amor prohibido, apaleado mil veces por la vida, pero tenaz, siempre fiel a sí mismo, solidario, habitante de las márgenes de la ciudad, extraordinario en su lucha por reivindicarse a sí mismo. 
 -El tema: la autenticidad, la honestidad, la diferencia, la búsqueda del amor y el cariño.
 -El otro tema (de fondo, pero nada secundario): el problema irlandés (o el británico, según se mire). 

Solo alguien peculiar y fuera de lo común, un ser "diferente" puede soñar con desayunar en Plutón.

 Esta es una película para vibrar con la vida. 

Os dejo un ejemplo de una de las canciones más animadas de esta película: 


jueves, 30 de octubre de 2014

Cine en blanco y negro

Una mujer para dos (Lubitsch, 1930) tiene la virtud de que su protagonista sea Gary Cooper y de que su tema sea, todavía, muy moderno. ¿Por qué no decir que se trata de una película feminista? Dos hombres se enamoran de la misma mujer, dos artistas bohemios que desfallecen en París sin un solo duro.La mujer, por su parte, protegida de un rico empresario, se enamora de los dos. Y no quiere elegir. En un primer momento, pactan una relación entre los tres sin sexo. Ella les asesora en su arte. Cuando el escritor vuela a Londres y deja solos a sus amigos el pacto se rompe y aparece la traición. Traición doble: el escritor vuelve al hogar de la pareja, ahora felizmente instalada en un moderno apartamento gracias a los nuevos éxitos del pintor, y consigue acostarse con la chica. Al darse cuenta del daño que se están haciendo los tres, la joven huye a los brazos del rico empresario, con el que se casa. Pero ella ha nacido para ser feliz. Y vuelve con sus dos amigos, en una relación, esta vez sí, abiertamete sexual y asumida. ¿Es o no es un planteamiento modernísimo? Es curioso como ella dice en un momento dado: "Me pasa como a algunos hombres, que estoy enamorada de dos personas a la vez". ¿No es genial esta reflexión sobre la sexualidad masculina? Y más aún, ¿ha de ser privativa del varón? ¿No es la sexualidad humana extraordinariamente compleja? Ni ella es una "cualquiera" ni ellos unos aprovechados, sencillamente, son un matrimonio de tres. ¡Extraordinario! Es, sin duda, una película antiburguesa que arremete contra la propiedad privada que supone el pacto matrimonial, y así se muestra en la escena en la que el marido empresario sale de la habitación tras la noche de bodas y arremete contra la macetita de flores que los dos amigos habían mandado como regalo a su amiga:el fracaso es patente pues ella no va a ser un objeto más ni siquiera un descanso para el guerrero.


 


 El título en inglés todavía es más elocuente: Design for living, es decir, un plan de vida, un diseño de lo que uno quiere para sí mismo en su vida. Y que nadie se llame a engaño: la protagonista es ella, aunque el nombre de la actriz aparezca en tercer lugar en los créditos. 


lunes, 6 de octubre de 2014

EL VIENTO QUE AGITA LA CEBADA-RAGTIME

 




Ragtime es una película inferior a la de Ken Loach. Lo es porque, de las tres historias que pretende desarrollar, solo una, aquella en la que pretende apoyarse el guionista, la que tiene verdadera enjundia (y por esto mismo), tiene un planteamiento, nudo y desenlace claros. Esto no implima que Ragtime no sea un bonito fresco de la América de principios de siglo (con tributo al origen del cine incluido: homenaje hermoso pero mal resuelto), y que no presente personajes atractivos, excelentes interpretaciones, una fantástica ambientación... Sin embargo, se da de bruces al querer abarcar historias que añaden poco a la trama principla (como ocurre con el juicio al marido de Evelyn, la corista sin escrúpulos).

Lo más interesante de Ragtime, por cierto, tampoco es la música, a pesar de la excelente banda sonora y del hecho de que el protagonista sea un pianista (negro), sino el planteamiento moral sobre la violencia, que la acerca  a El viento que agita la cebada.

La pregunta que ambas películas muestran al espectador es la siguiente: ¿puede considerarse la violencia legítima cuando se trata de la violencia de un "débil"? Es decir, ¿es la violencia inmoral cuando se usa para someter y, en cambio, aceptable cuando un individuo o un grupo la usan para reivindicar sus derechos y su dignidad?

Aparte del análisis que cada espectador pueda hacer, la película de Ken Loach está claramente a favor de este tipo de violencia y la legitima desde el punto de vista moral. La base de su argumentación estriba en que un pueblo sometido, colonizado, al que se obliga a renunciar a los elementos que conforman su identidad por la fuerza (esta es la clave), sin opción al diálogo ni a la reivindicación de su autonomía, solo tiene en su mano la posibilidad de utilizar la violencia, más aún, el terrorismo. Desde el punto de vista de Ken Loach, el Reino Unido es el responsable de grupos extremistas como el IRA por no haber solucionado con justicia la independencia de Irlanda. La vía pacífica propuesta por Michael Collins, tal y como se muestra en la película, solo sirvió para ceder el norte de Irlanda y mantener la presencia y el control del Reino Unido en la isla. Así pues, si la parte "débil" de un conflicto no consigue su objetivo (justo, digamos) mediante el diálogo, puede utilizar la violencia como un medio justificado para un fin "bueno". En la película de Ken Loach, pues, hay una posición favorable al terrorismo cuande se dan causas histórias y políticas injustas, es decir, de sometimiento de un pueblo por otro en aras del dominio y la colonización.

Los personajes encuentran también la justificación moral del asesinato en este ideal que está por encima de sus deseos, necesidades y preferencias. Así, el personaje principal, un estudiante de medicina reticente a empezar una "guerra de guerrillas", como parece que fue al principio la reivindicación de la independencia de Irlanda, no duda en ajusticiar con un tiro en la nuca a un pobre mozo de cuadra que por miedo delató a sus compañeros; y, del mismo modo, el hermano de dicho estudiante tampoco se amilana cuando decide fusilarlo por no avenirse al nuevo gobierno irlandés (controlado por los británicos). Estas situaciones son las que hacen pensar en que, si bien parece que desde un punto de vista global, el de un pueblo o grupo de gente, la violencia está justificada cuando las alternativas pacíficas se cierran con la misma violencia, las decisiones individuales que implican acabar con la vida de otros en aras de un ideal superior no resultan justificadas del mismo modo. Pues, en este último caso, el individuo actúa como un dios enfurecido que posee la verdad y la única verdad y que es dueño de la vida de los otros. ¿Cómo justificar moralmente, cómo considerar "buenas" estas acciones?

Por otro lado, hay que considerar si hay diferencias entre una acción bélica (la guerrilla atacando  aun grupo de soldados) y el secuestro y asesinato de un dirigente (por supuesto, británico, anglicano, y despreciativo con los irlandeses). Ambas situaciones derivan de la violencia, son propiamente violentas, pero, ¿igualmente justificables, incluso desde el punto de vista del "débil"? ¿Una persona representa a todo un pueblo (idea en la que se escudan los terroristas para asesinar a otros, más o menos culpables de su situación de inferioridad)? En definitiva, Ken Loach parece tener clara una cuestión que presenta claros problemas éticos.

En la película Ragtime se trata del individuo que se enfrenta al grupo. El protagonista es un pianista negro, como ya hemos señalado. Unos bomberos voluntarios, blancos, unos "rednecks", le humillan echando excrementos en el asiento de su flamante coche nuevo. El pianista decide no ceder: el bombero responsable tiene que limpiar su coche. Esto le lleva a denunciarlo, a intentar presentar una querella, y a pasearse, en definitiva, por despachos oficiales y de diversos abogados que no ponen intención verdadera en ayudarle. Cuando la madre de su hijo, con la que pretende casarse, corre a un mítin del vicepresidente de la nación gritando su nombre y muere como consecuencia de la paliza de un policía excesivamente celoso de mantener el orden, la ira le domina y no ve otro camino que la violencia y el terrorismo. Se convierte en el criminal más peligroso y temido de Nueva York y el más buscado por la policía. Finalmente, se atrinchera en la emblemática Biblioteca J.P. Morgan, reivindicando su justicia: el coche limpio y el bombero a su merced. 

La policía de Nueva York (encabezada por el comisario interpretado por James Cagney, en su última película) despliega su fuerza alrededor de la biblioteca (el pianista ha conseguido reunir a un grupo de amigos músicos y a un artificiero herido de amor por una corista). Hay intentos de negociación y persuasión. La escena más interesante es la que enfrenta a un líder negro pacifista (Washington) y al pianista convertido en violento terrorista. El líder argumenta (con furia) que la violencia solo engendra violencia, y que la paz y la comprensión llevan a la dignificación de los negros y a la estima de los blancos (a los que ha habido que enseñar que no tienen por qué temer a los negros). El pianista, con su ejemplo, está echando por tierra el esfuerzo (su esfuerzo como activista) de muchos hombres y mujeres que demuestran integridad y honestidad. Para el pianista, esto es otra forma de claudicación y sometimiento al hombre blanco.

La historia termina mal, lo que hace pensar que Mr. Washington tenía más razones a su favor. El pianista muerte acribillado después de rendirse. El comisario da la orden: su obligación es terminar con un criminal. Pero acaba con un hombre bueno, reconvertido en un violento por culpa de la ira. La ira es una pasión individual, pero, ¿justificada, al menos, en este caso? El pianista lo dice: no tuve otra opción, pues nadie me ayudó a aplicar la ley a ese blanco por ser él un negro. De nuevo, otro caso en que el "débil" opta por la violencia para enfrentarse a la violencia del "fuerte", y que tampoco trae consecuencias calificables de beneficiosas, ni siquiera sirve para instaurar un nuevo orden. Todo sigue igual después de su sacrificio. El individuo no puede ganar así al sistema, parece decirse en esta historia.

El débil puede ser un pueblo o un individuo, y en ambos casos, parece que la violencia es el único camino para enfrentarse a la que infringe el fuerte con vistas a mantener al débil en dicha posición. La violencia, claramente, no trae la paz, solo más respuestas violentas. Sin embargo, el débil la usa para ponerse al mismo nivel que el fuerte, o para revertir su posición y hacer del fuerte el débil. No parece que haya una salida moral clara a este dilema: la violencia, en bruto, es desestimable en valores absolutos; en el caso particular y relativo, solo podría justificarse como una manera de alterar la dialéctica del fuerte y el débil. Estas dos películas obligan al espectador a plantearse la cuestión, a que este viento agite su conciencia.


sábado, 6 de abril de 2013

Lo último visto en la tranquilidad del hogar (1)

Significa el título de esta entrada que mi plácida estancia en el salón de mi casa junto a mi bebé recién nacido se ha transformado en una vida llena de prisas y carreras en las que, oh, dioses del Averno, ya no cabe el tiempo para ver una pelicula con la ilusión de asistir a dos horas de vida ajena.

An Education (Lone Scherfig, 2009) ha sido una de las historias que han marcado la despedida del mullido y calentito sofá de mi casa (más de uno pensará que he vivido a costa del erario público... pero que no se olvide que en estos meses he amamantado y dormido a un niño, le he cambiado pañales, lavado, paseado, consolado, jugado con él; he hecho comidas diarias y recién hechas para los habitantes de mi hogar; he hecho recados, comprado, puesto lavadoras, tendido la ropa. recogido, planchado, hecho las camas cada mañana, limpiado; he llevado y traido al colegio a la mayor de mis vástagos, y también la he consolado en sus caídas, la he acompañado al parque, a cumpleaños, a sus actividades extraescolares, he reconocido sus éxitos y la he regañado en sus peores momentos de comportamiento; es decir, he criado y educado al futuro de este país y me he recuperado de nueve meses de embarazo para seguir siendo productiva). Esta es una buena película para reflexionar sobre la educación femenina y la educación en general.

No importa que esté ambientada a principios de los sesenta. Importa que se trata de una chica, Jenny, que cambia el esfuerzo del estudio y el sacrificio de aprender (en vistas a convertirse en una estudiante de la prestigiosa universidad de Oxford) por la vida alocada y sin responsabilidades que le ofrece un hombre mayor que ella, pero con un gran encanto personal. Los padres de la chica son unos seres anodinos, aburridos, mediocres, que la instan a estudiar y estudiar. Ella sueña con viajar a París, evadirse, huir. En la escuela sus profesoras alaban su trabajo. Sin embargo, ella está desmotivada, cansada, aburrida. En la escena clave de la película, Jenny entra en la cocina de su casa y les dice a sus padres (recordemos que es escolar, no ha terminado el bachillerato) ¿qué pasaría si me casase? Los padres, para su sorpresa y la del espectador, no oponen ninguna resistencia. ¿Por qué, después de tanto insistir en que estudie y se prepare, de repente no les importa que ella abandone todo lo que ha parecido dar sentido a su vida hasta el momento?

Sobre la educación, la película nos recuerda que aprender, prepararse, es un esfuerzo arduo y largo, y sin embargo asumirlo tiene una recompensa muy gratificante (como más tarde reconocerá la propia Jenny). Pero solo cuando es elegido por uno mismo: la imposición únicamente nos deja el sabor de la insatisfacción momentánea del trabajo del aprendizaje.

Sobre la educación femenina en particular, esta historia apunta a que la educación en las mujeres está, en efecto, infravalorada, y supeditada a las posibilidades que pueda ofrecer un matrimonio. Mi sensación, viendo esta película, es que los padres de Jenny insistían en su preparación porque no consideraban otras formas de medrar para su hija (en un ambiente de clase media, media baja, ningún chico iba a poder sacar a su hija Jenny de las propias dificultades que ellos mismos atravesaban). Y más allá, siento, no sé por qué, que la educación en una mujer sigue estando sometida a las otras facetas de su vida, la de esposa y madre. Puede que este sea el motivo de que en la escuela nos encontremos con chicas brillantísimas que después no siguen grandes carreras profesionales.

Yo misma, en el mullido y calentito sofá, con  mi bebé al pecho, pensaba en mis años de estudio. Lo mucho que los disfruté. En el deseo de evasión y de huida que también sentía, como Jenny. La misma idealización de París. Aunque no fui engañada como ella por un buscavidas. He sido siempre dueña de mi vida, en ese sentido.Tengo mi propio medio de vida. Y aunque no he llegado a alcanzar grandes cimas profesionales, creo que debo agradecer a mi educación el haberme llevado a este punto, aquí, precisamente, al mullido sofá con mi bebé. Porque no estoy aquí por no haber tenido otras oportunidades, sino por decisión propia. Y porque sigo pensando que estar con mi bebé es una más de las vidas que puedo tener, no la única, aunque sí de las mejores.

miércoles, 20 de febrero de 2013

EL DR.T Y LAS MUJERES (dedicado a Laura)

¿Es posible encontrarse un ginecólogo que esté como un bombón? Así es cuando se trata de Richard Gere en esta curiosa película de Robert Altman del año 2000 (por cierto, con una nota bajísima en la página de Filmaffinity, ¿por qué?). El doctor Travis es un hombre rodeado de mujeres: su esposa, sus dos hijas, su cuñada, sus tres sobrinas, sus pacientes, sus empleadas... El doctor Travis no solo es un experto en el cuerpo femenino, sino que es un gran defensor de la mujer. La considera sagrada, una santa. A la mujer hay que reverenciarla. O esto es lo que dice a sus colegas masculinos, maridos de algunas de sus pacientes, con los que juega al golf o va de cacería (actividades tradicionalmente masculinas). Mientras el doctor Travis mantiene su fe en LA MUJER, su esposa desarrolla una especie de síndrome psiquiátrico, el síndrome de Hestia, que consiste en una regresión a la infancia, a una etapa premarital, y que conlleva el  rechazo del marido (en resumen). Travis ama a su mujer, pero la pierde sin entender por qué, cuando él la venera como a una diosa. En cuanto a sus hijas, una de ellas está a punto de casarse mientras la pequeña no parece más que poner pegas al asunto, hasta el punto de confesarle al padre que su hija mayor es lesbiana y que ha mantenido una relación íntima con la que va a ser su dama de honor principal. Para enredar más la (femenina) vida de Travis, su secretaria no para de tirarle los tejos, a lo que es inmune, mientras cae enamorado de la nueva profesora de golf de su club, una mujer independiente, trabajadora, sin ningún atisbo de las ñoñerías que gastan las mujeres de su consulta o su propia (y también enamorada de él) cuñada.
 
¿Qué tiene de interesante esta película? Se trata de una revisitación de un clásico tema del cine: la guerra de los sexos. Tanto es así, que en los títulos de crédito vemos rotulados los nombres de ellas en color rosa y en caracteres barrocos, mientras que los de ellos aparecen en azul y con caracteres más sencillos. Este tema siempre se ha relacionado, cinematográficamente hablando, con el género de la comedia y con la representación de la clase alta. Ambos clichés los cumple esta película de Altman. Las pacientes, la esposa, las hijas y la cuñada del doctor Travis son un dechado de pieles, grandes sombreros y enormes anillos de brillantes. Pasean por centros comerciales de lujo y pierden el tiempo en Tiffany's (bebiendo champán de gorra).
 
¿Qué les pasa a estas pobres señoras? Están solas. Acuden al doctor Travis con dolencias imaginarias solo para que él las consuele y les diga lo bellas que están. Pero el doctor Travis también está solo, a pesar de tanta mujer que le adora. Cuando su hija deja a su novio en el altar por su dama de honor, y la boda queda arruinada por la lluvia de otoño típica de Texas que tanto anunciaba la hija pequeña, decide dar un giro a su vida y correr a los brazos de la única mujer que no depende de él, la única que le ha llevado a la cama: la golfista. Pero, ¡oh, no!, en su egoísmo típicamente masculino el doctor Travis no imagina siquiera que le puedan decir no... Por lo que en un final de corte fantástico se convierte en la Dorothy del Mago de Oz y se deja arrastrar al interior de un tornado que le lleva volando a México. Allí.... ¡imposible escapar al destino!, unas niñas le conducen hasta una mujer que está dando a luz. El doctor Travis sabe que su vida es esa: atender a la mujer. Y así de una humilde campesina mejicana trae al mundo ¡un chico!
 
La película de Altman es una parodia de esas películas de "amor y lujo" con guerra de sexos como tema de fondo. Como parodia es muy entretenida y amena. En cuanto al tema de la guerra de sexos, parece darse a entender que las mujeres siguen constituyendo un misterio para los hombres; por muy experto que se sea en sus cuerpos, sus almas, o sus mentes, o sus espíritus, son inescrutables. Habría que decirle a Travis: por algo son diosas. En este aspecto, la película continúa los tópicos que hacen de las mujeres seres de Venus y a los hombres habitantes de Marte. Pero ya hemos dicho que se trata de una parodia... Así que, ¿quién se cree que Altman se tome en serio este adagio? En el fondo, en la película las mujeres se rebelan ante el macho (el gran Travis) que en su fuero interno las cree manejar a su antojo: su mujer se hace loca (pero no lo está cuando le pide el divorcio), su secretaria pastelera, su hija lesbiana, y su golfista preferida se niega a huir con él... Ella no es de nadie, se lo dice bien claro. Este es el camino de baldosas rojas que debe recorrer Travis para sentirse reconciliado con el mundo al traer al mundo un bebé varón: un semejante en su soledad de macho frustrado.
 
 

lunes, 18 de febrero de 2013

Cine y ballet (dedicado a Ana)

¿Alguien ha visto caminar a una bailarina? Pues deberían observar a mi amiga Ana: espalda recta, cabeza erguida, mirada siempre al frente, mentón elevado (sin parecer altiva), talones juntos y puntas de los pies separadas unos 45 grados... Así es como vemos a Leslie Browne salir de su ensayo y andar por las calles de Nueva York en la película Paso decisivo(Herbert Ross, 1977), un melodrama con dos grandes actrices, Shirley MacLaine y Anne Brancoft, que trata el clásico tema de la rivalidad entre dos bailarinas: una que ha conseguido el éxito en los teatros y la soledad en su vida privada (Emma), y otra que renunció a su carrera para formar una familia (DeeDee). Ahora, la segunda tiene una hija tan talentosa como lo fue su madre en su momento. La madre, pues, ve en ella una segunda oportunidad, pero tamtién la ve la amiga que empieza a comprobar su declive, adelantada por las nuevas bailarinas, que no exigen tanto como ella y tienen la ventaja de la juventud. Entre ambas, no obstante, hay una cuestión que las separa y que debe resolverse:el personaje de Shirley MacLaine pudo haber sido una bailarina tan reconocida como su amiga, pero esta le recomendó seguir adelante con su embarazo para no perder al que sería su futuro marido. ¿Esta recomendación tuvo que ver con el hecho de que luego se quedara con el papel ansiado por las dos, el de protagonista en el ballet Anna Karenina? Este fue precisamente el gran momento del personaje de Anne Brancoft, el que le llevó a ser primera bailarina y conseguir la fama y los laureles de la profesión. El paso del tiempo, la familia, la renuncia, el éxito, las relaciones madre-hija, las preguntas por lo que pudo haber sido y nunca será... DeeDee termina reconciliándose con su pasado, con sus decisiones, y Emma aceptando que ha sido capaz de lo peor para llegar hasta lo más alto, y que eso ha tenido un gran precio personal. Paso decisivo es un buen melodrama, con dos excelentes actrices y bellas coreografías, sobre todo las protagonizadas por Leslie Browne y Mijail Baryshnikov, un bailarín de referencia para una generación de artistas. Tuvo 11 nominaciones a los Oscar, aunque curiosamente no ganó ni uno solo.  
 Este gran bailarín y actor aceptable, Baryshnikov, protagoniza otra película de baile algo más floja que la anterior, Noches de sol (Taylor Hackford, 1985). Se trata de un thriller que empieza con una magnifica coregrafía; probablemente, la mejor escena de una película sobre un bailarín ruso, Kolya Rodchenko, que ha desertado de su país y que cae literalmente en Siberia debido al fallo mecánico del avión en el que viaja de Nueva York a Japón. La historia, un tanto maniquea, cuenta con la interesante presencia de Helen Mirren encarnando a una antigua amante de Rodchenko, y de Isabella Rosellini, esta última, una rusa casada con un soldado negro estadounidense que había desertado también, y antiguo bailarín de claqué en EEUU. Ambos reciben la ingrata tarea de custodiar al bailarín. La película nos remite a la época de la guerra fría y la opacidad de la URSS, ansiosa de dar buena imagen al mundo occidental. Este es otro punto interesante en un film que sí ganó un Oscar, a la mejor canción, que se deja ver con agrado, pero que ofrece poco más a los espectadores.  
 Ahora bien, si uno quiere aprender sobre el mundo del ballet, lo mejor que puede hacer es visionar The Company, (Robert Altman, 2003), un retrato feroz e implacable de este crudelísimo universo. Si se es aficionado a este arte, hay que destacar las maravillosas coreografías rodadas con maestría y que verdaderamente atrapan incluso al más neófito. Lo peor de esta película es que no hay una narración al uso, por ello da la sensación, cuando se llega al final, de que algo cojea en ella; sin embargo, queda muy claro el mensaje: en una compañía de ballet el director artístico es un dios que actúa como tal, haciendo promesas incumplidas, denostando a sus bailarines, ofreciondo glorias efímeras, y olvidando que detrás de cada bailarín hay un hombre y una mujer. La gran preocupación del director es atraer al público a las funciones y generar belleza a cualquier precio. Los bailarines son como títeres intercambiables que se usan mientras funcionen. Sus grandes recomendaciones: comer ensalada y practicar sexo seguro. Ganar unos gramos es un drama y por un embarazo no hay baja maternal.
En los bailarines, la parte del cuerpo que más sufre son los pies. Ensangrentados, llenos de callos y heridas, con las uñas rotas, son la metáfora de un arte minoritario y que exige un gran sacrificio físico, mental y personal. Para los que lo han vivido, mucho de ellos quedaría en esas salas de grandes espejos, música de piano y barras rigídas en las que practicar una y otra vez para convertir el cuerpo en una pluma que dance al son de la música. El bailarín solo es un cuerpo, un cuerpo que pertenece por entero a la música (y al director artístico de su compañía).

viernes, 14 de diciembre de 2012

Más películas

Sigo con mi "ritmo loco". Tengo que darle las gracias a Juanito al que no le importa que vea películas mientras él chupa que te chupa...


-Llámame Peter (Stephen Hopkins, 2004). Se trata de un biopic sobre Peter Sellers, un personaje peculiar que hacía reír en la pantalla, pero que no daba tanta risa a los que compartían la vida con él. El director utiliza un recurso original que es el de convertir a Sellers en algunos de las personas importantes de su vida (su madre, su padre, el director Blake Edwards Stanley Kubrick) en momentos concretos de la película, para mostrar desde otra perspectiva su relación con ellos, sus opiniones  e impresiones; copiando así el trabajo trasnsformista que hizo Sellers en la película Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? (por otra parte, un título tan absurdo en español como el de Llámame Peter que traduce sin más el original de The Life and Death of Peter Sellers, bastante más bonito y teatral). La película se basa en la actuación de un excelente intérprete como es Geoffrey Rush y en la idea de que Sellers era alguien tan hueco en su personalidad interior que tenía por ello la facilidad de convertirse en cualquier personaje. No sabemos si eso es una crítica o no a la persona de Peter Sellers. Y es que, con los biopics uno siempre se pregunta: ¿qué pretenden contar en esta película? ¿La vida, sin más, de alguien destacado? ¿Por qué este personaje y no otro? En el caso de Sellers, supongo que al director le llamaría la atención esta ambivalencia (cruel en su vida personal, pura simpatía en su vida artística) del famoso actor. Por lo demás, no hay nada. Solo la exposición de estas miserias y trapos sucios, de una manera suave, eso sí, sin asustar, pero sin añadir un análisis de la figura del actor, la empresa cinematográfica, el arte del cine... Nada, vacío.

-Chloë (Atom Egoyan, 2009). Un excelente director, buenos actores, una trama apasionante. Se utilizan las estrategias del thriller para contar la historia de una mujer en plena crisis. ¿Me quiere mi hijo? ¿Me quiere mi marido -me desea? ¿Qué queda de mí con el paso de los años? ¿He fracasado como mujer -soy una vieja ya que no interesa? En este laberinto de pasiones que se teje en el momento en que la prostituta que ella elige para seducir a su marido cambia el objetivo de la seducción, todas estas preguntas se van resolviendo para el personaje principal que vive una ficción en su propia imaginación. El erotismo gobierna las relaciones de los personajes de una manera elegante y sutil. Lo cierto es que la película no decepciona y da pie a una buena discusión (sobre todo si eres mujer y la puedes ver con un grupo de buenas amigas). Recomendable.



-Buried (Rodrigo Cortés, 2010). Este es el típico producto de un director joven y listo que quiere hacer algo original, y lo consigue: filmar una película con un solo actor, un teléfono móvil, una linterna... todos ellos metidos en un ataúd de madera que se supone enterrada a unos cuantos metros bajo tierra. Se utilza bien el suspense  (¿por qué está ahí ese hombre?, ¿quién es?, ¿conseguirá salir o morirá enterrado vivo?). El final recuerda al de la pelicula REC ("en efecto, tu peor pesadilla se hace realidad..".). No pasará a la historia del cine, pero se ve con agrado, entretiene (algo fundamental) y resulta curiosa. El making of se ve con igual interés (lo cual desmerece a la película, por otro lado).

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Dos comedias (por el tono ligero)

Eternamente tuya (Tay Garnett, 1939) y Persiguiendo a Amy (KevinSmith, 1997) no tienen mucho que ver, ni por épocas ni por estilo. De hecho, la primera es una película bastante flojita, realizada a la mayor gloria de la guapísima Loretta Young. Pero las dos tratan de renuncias. En Eternamente tuya, la esposa de un gran mago renuncia a su amor porque su marido no es capaz de instalarse y llevar una vida sedentaria, pero feliz, junto a su querida mujer (hay una especie de loa implícita a la vida familiar). En Persiguiendo a Amy, un "chico que conoce a chica lesbiana con pasado sexual lleno de experiencias con muchos hombres y mujeres" echa por tierra la relación con su mejor amigo y con su chica por un orgullo mal entendido. Digamos que son ellos los que renuncian a él debido a su cortedad de miras. La primera es una comedieta romántica muy convencional. La segunda, en cambio, tiene el interés de tratar las relaciones de pareja como pueden ser hoy: complejas, sobre todo para los chicos, que a veces no son capaces de admitir que las chicas puedan haber amado (y haberse acostado con) otros chicos antes que ellos. Por suerte, la chica no cede a los chantajes emocionales de su amado y hace prevalecer su dignidad. Así que, al final, nos encontramos con dos películas que tratan dos tipos de mujer: aquel anticuado de la esposa que busca la vida estable y hogareña (cosa que consigue finalmente porque su marido se da cuenta de lo mucho que le hace falta su mujercita) y este "moderno" de la chica que se hace valer. Por otro lado, en Persiguiendo a Amy hay un buen tratado de cómo las relaciones amorosas pueden acabar con las buenas amistades; a veces, cuando "tu pareja" es tu mejor amigo la presencia de un tercero desbarata todo el orden establecido... lo cual puede digerirse muy mal por parte del amigo, que queda, de algún modo, fuera, y que desea aún ese orden antiguo. En fin, la vida misma.... No la idealizada de la película de la guapísima Loretta. Por eso Persiguiendo a Amy acaba de manera agridulce, como suele ocurrir en la realidad (realidad que no interesaba a los espectadores de la Young, claro).


AMOR Y LIBERTAD

El amor es el gran tema de la literatura y del cine, que es otra forma de narrar. Un amor destructivo es el que se retrata en Vidas al límite (Agnieszka Holland, 1995), protagonizada por Leonardo DiCaprio (un gran actor, sin duda), película en la que se muestra la relación atormentada y cruel entre Rimbaud y Verlaine. Este último se debate entre su joven mujer y su joven (aún más) amante, quien además le proporciona la espiritualidad de una poesía de primer rango, no solo su cuerpo. A su mujer la aterroriza y violenta en cuanto puede (algo desagradable la escena en la que intenta quemarle el pelo a la esposa). De cualquier forma, Verlaine está loco por Rimbaud, y ambos malviven del dinero del primero durante un tiempo, hasta que Rimbaud abandona la literatura, a Verlaine, Francia, todo. La película es interesante sin más, lo cierto es que no transmite pasión, que es quizás lo que defninía la relación de estos dos poetas. Tampoco hay mucho lugar para la poesía, al contrario que en aquella película tan hermosa sobre Yeats, Bright Star (Jane Campion, 2009). 



Otra película de pasiones sin pasión es Tokyo Blues (Tra Anh Hung, 2010) sobre la novela de Murakami. El gran problema de esta película, de preciosos escenarios y de frías escenas lluviosas, es la torpeza al condensar algunas de las historias secundarias de la novela, que pierden todo realce y cuya contribución  al desarrollo de la película queda en entredicho. Por lo demás, recoge esa especie de nihilismo del protagonista, que tanto en la novela como en la película parece dejarse llevar por los acontecimientos externos, como si fuera un existencialista francés (al fin y al cabo, el tiempo histórico de la película es el de los últimos sesenta). Otra cosa que molesta es el título, absurdo, que intenta hacer más inteligible el Norwegian Wood original (una canción intimista de los Beatles) sin conseguirlo. Tokyo Blues, el blues de Tokyo, cuando no hay ningún blues por ninguna parte aunque eso sí, ciertas dosis de tristeza y melancolía.



Una bella historia de amor también es Nunca me abandones (Mark Romanek, 2010). Aunque más relevante que dicha historia es el contexto en el que se produce. Los protagonistas son tres niños (luego jóvenes) de procedecencia incierta, educados en un internado donde se les prepara para ser donantes de órganos. Es decir: su trabajo en la vida es morir antes de la madurez, de operación en operación, hasta no poder aguantar más sin órganos vitales o por los continuos postoperatorios. Los protagonistas aceptan su destino (no solo ellos, sino todos los personajes que aparecen en la pelicula) sin rebeldía. Y esto es lo que más llama la atención: no hay ningún momento en que se replanteen esta obligada forma de vida (o de muerte). Solo se da algún intento de retrasar dicho. Esta cuestión, la más interesante, es la que menor tratamiento recibe en la pelicula; es el escenario de este amor fatídico (pues sus protagonistas están condenados a morir jóvenes) pero no es objeto de reflexión, cuando es, sin duda, el tema más atractivo. Por lo demás, es una película conmovedora y de imágenes hermosísimas.



Aún de factura más elegante (al fin y al cabo, su director es un diseñador de moda muy conocido) y también con el amor como línea principal es Un hombre soltero (Tom Ford, 2009), película que protagonizan los excelentes Colin Firth y Joanne Moore. El personaje principal es un profesor universitario que perdió hace unos años a su pareja en un inesperado accidente de tráfico. El profesor se encuentra sin rumbo y decide poner fin a su vida esa misma noche. Lo más bello de la película es la manera en que se muestra la nueva mirada del personaje sobre los detalles nimios de la vida diaria: cuando esto ocurre, la fotografía más bien plana y gris se vuelve cálida y carnosa, llena de colores como el rojo, el naranja, el azul intenso... El tema de la homosexualidad está tratado de una manera natural y directa, mostrando también la invisibilidad de los gays en la sociedad de los sesenta en EEUU (pero sin que el conflicto del personaje provenga de su sexualidad). Una película hermosa y notable.



Por último, he revisitado un clásico, Papillon (Franklin J. Shaffner, 1973), una película apasionante sobre la libertad que atrapa desde el primer minuto. Las interpretaciones de Dustin Hoffmann y de Steve McQueen son excelentes. Este último encarna a Papillon, un tipo acusado, según él, injustamente, de un asesinato, y encerrado en la prisión de la Guayana Francesa durante los años treinta (antes de que se redactara algo tan básico como los derechos humanos). La vida de los prisioneros es durísima y los castigos inhumanos. Pero Papillon, cuyo sobrenombre le viene del tatuaje de una mariposa que lleva en el pecho (nunca se dice su verdadero nombre)  no se rinde ei intenta escapar en varias ocasiones. En la última escena, Paillon, mermada su salud por los años, los castigos y la prisión, se arroja al mar desde un acantilado: sobre el agua queda flotando, en una idílica metáfora de su ansia por alcanzar la libertad.



miércoles, 14 de noviembre de 2012

MÁS CINE EN CASA (QUÉ REMEDIO)

Gracias a la baja maternal estoy reduciendo la cantidad de DVDs que cogen polvo en las estanterías del salón de mi casa. Eso es una buena noticia para ir dejando hueco y que entren otros nuevos...

Entre los que han caído en acto de servicio están los siguientes:

-El diablo se viste de Prada (David Frankel, 2006): Es una buena comedia, entretenida y con excelente ritmo. La historia no es novedosa: chica ambiciosa pierde sus principios y traiciona a sus más cercanos por conseguir el aprecio de la más famosa y cruel experta en moda de Nueva York. Finalmente, la chica se da cuenta de lo que ha perdido y prefiere una vida sencilla al glamour, la soledad y la traición. Una película de valores, como vemos. Lo mejor, sin duda, el personaje de la terrorífica directora de la revista de modas, una Meryl Streep que levanta la película ella solita.



-Adiós, pequeña, adiós (Ben Affleck, 2007): Esta es una película excelente. La historia encierra dilemas poderosos y el relato es muy atractivo. ¿Merece una madre drogadicta que ha demostrado repetidamente su incapacidad como madre que le devuelvan a su hija? ¿Merece esa niña una vida mejor, con personas que la cuiden de verdad? El protagonista tiene que resolver este dilema y lo hace de la manera en que esperaríamos, pero eso no implica que su decisión sea claramente la mejor, solo parece la más justa. Ni siquiera el final de la película es un happy end reconciliador: él mismo comprende las consecuendias agridulces de su decisión. En la película se tratan cuestiones relacionadas como el respeto a la ley, el hecho de que esta no favorece siempre al que lo merece y que ni siquiera es capaz a menudo de hacer justicia. Pero los hombres no deben actuar como dioses haciendo su propia ley: esta es la interesante tesis de la película que puede ser la base de una interesante reflexión. 



-Capturing the Friedmans (Andrew Jarecki, 2003): Un director emprende un proyecto, documentar el trabajo de los payasos infantiles, los que se contratan para animar fiestas de niños. De repente, se encuentra con que el más famoso de ellos en Nueva York lleva a sus espaldas una truculenta historia: es hijo de un pedófilo, acusado junto a su hermano pequeño, de prácticas sexuales con menores en las clases de informática que el padre impartía en el sótano de su casa a los vecinos de la zona residencial en la que vivían. El documental muestra que el hecho constatado de la pedofilia del padre lleva a una acusación que, en gran medida, solo se sostiene en los testimonios de algunos niños, sin pruebas indudables, solo el relato (no contrastado al cien por cien por todos los alumnos de aquellas clases) de estos chicos. En realidad, este documental es una reflexión sobre la verdad y sus caras. Se basa en entrevistas a muchos de los implicados que dan visiones diferentes e incluso contrapuestas de los hechos que se juzgaron. Además, se presenta la ambigüedad de la institución de la familia, que, siendo la base de las sociedades desde el punto de vista antropológico, no es algo tan sagrado ni garante de felicidad o bienestar. Otro aspecto interesante de la película es la inclusión de fragmentos de videos caseros  y personales de la familia Friedman, y de cómo un material tan poco elaborado se puede convertir en una narración, la narración que nosotros queremos de nuestra familia, una narración construida como la de nuestros recuerdos o la de una historia. Es decir, una ficción que nos ayuda a vivir.



-Todo o nada (Mike Leigh, 2002): Esta película es un absoluto aburrimiento. Los personajes son antipáticos y cansa su abulia. Resultan patéticos y mediocres. No sé si el director quiere salvarlos o condenarlos. En cuanto al título, hace referencia al discurso de uno de los personajes, el marido, que siente la lejanía de su mujer, sus reproches y su indiferencia, y le viene a decir que sin su amor se encallan en la nada. Finalmente lo recuperan y todos tan felices dentro de sus dificultades (problemas para llegar a final de mes, hijo en paro y agresivo en su comportamiento, hija feúcha limpiadora en una residencia de ancianos, padre e hijos obesos -suponemos que por una mala alimentación-, padre taxista con poca recaudación debido a su falta de iniciativa...). En fin, creo que esta película quiere decir tanto que finalmente dice poca cosa, o nada. O más bien son los personajes, con los que cuesta empatizar. Un último detalle: las subtramas no se concluyen por lo que la película resulta coja en este aspecto.



-Beyond the sea (Kevin Spacey, 2004): Este gran actor se embarca en dirigir y protagonizar un biopic con números musicales (originales, por cierto) sobre la vida del cantante Bobbie Darin, un Frank Sinatra con menor éxito. La historia pretende ser contada de un modo personal, es decir, saltándose un tanto la linealidad de la narración, utilizando al Bobbie niño como interlocutor continuo del Bobbie adulto en sus momentos de mayor dificultad (enfermo del corazón desde pequeño, ambicioso en extremo, violento con su mujer, la actriz Sandra Dee; hijo de la que consideraba su hermana desde siempre...) La vida de Bobbie Darin contiene elementos de melodrama que, no obstante, no hacen nada interesante al personaje a pesar de los intentos de Spacey, que consigue una gran interpretación y que canta estupendamente, además de bailar más que bien. En ese aspecto, todo un hallazgo. No obstante, repito: el personaje no es atractivo, por lo que la película, agradando, no apasiona en ningún momento.


¡Y esto es todo amigos! De momento....

viernes, 21 de septiembre de 2012

Y LO QUE HE VISTO EN CASA

Revolviendo en mi cineteca he aprovechado las noches calurosas para aburrirme, un poco, la verdad, con estas dos películas entre las que he visto una enorme relación: se trata de Aflicción (Paul Schrader, 1997) y El asesinato de Richard Nixon (Niels Mueller, 2004). Las dos tienen como protagonistas a dos hombre fracasados, con una autoestima tan baja que es digna de estudio psicológico y al borde de lo que podríamos denominar la locura. Ambos personajes han sido abandonados por sus mujeres, tienen relaciones distantes con sus hijos, no tienen éxito profesional, se sienten humillados por los que le rodean y únicamente buscan en la vida hacer algo capaz de despertar la atención de los demás y recuperar así la fe en sí mismos. En el caso de Aflicción se une a estas circunstancias un padre maltratador y alcohólico que aún ejerce su nefasta influencia en el hijo; en el caso de El asesinato... un jefe que se ríe de su empleado y aprovecha cualquier ocasión para menospreciarle. Los dos personajes se enfrentan a sus problemas del mismo modo: matando de una manera burda e injustificada (patética es la escena en la que el protagonista de El asesinato... sacrifica a su perro, el único ser que le demuestra cariño). Fantásticas las caracterizaciones de Nick Nolte y Sean Penn en cada una de las películas, por ellos vale el (cierto) aburrimiento que me ha transmitido el tono moroso de estas obras.

 
 
 
 
El asesinato de Richard Nixon me ha llevado a otro film que Sean Penn también protagoniza con la excelente Naomi Watts, Caza a la espía (Doug Liman, 2006), muy notable, donde se recrea la historia del matrimonio que se enfrenta a las mentiras del gobierno de Bush sobre la guerra de Irak; y la fotografía de tonos marrones y encuadres a lo Hopper de El asesinato... me ha conducido a Factótum (Bent Hamer, 2005), recreación de los comienzos literarios de Bukowski, otra película de tono moroso bastante aburrida para fans del escritor que deseen recrearse en un tipo vividor, que abandona un trabajo tras otro y que incluso tiene a bien golpear a su parasitaria novia... En fin, más sobre la América profunda, la de los que están fuera del sueño americano.



 
Los fríos paisajes de Aflicción me han recordado a una pelicula pequeña pero atractiva, Frozen River (Courtney Hunt, 2008), un canto a la solidaridad entre mujeres. Más personajes desterrados de la gloria social, marginales, pobres y vapuleados por el destino, esta vez en versión femenina, mucho más hermosa y esperanzadora, porque entre las dos protagonistas, una india rechazada por su comunidad y una madre de familia cuyo marido es un ludópata que ha gastado todos los ahorros de la pareja, se establece una extraña relación basada en el negocio ilegal del tráfico de personas a través de la frontera entre EEUU y Canadá; que tiene su punto culminante y más dramático en el rescate de un bebé que una pareja árabe lleva escondido en una bolsa de deporte y al que abandonan en medio del lago helado por el que realizan sus negocios ambas mujeres. La importancia de la maternidad, la relevancia de la amistad, el sacrificio de una de ellas y la colaboración entre ambas hacen de esta película un canto hermoso a los desesperados.
 
De Frozen River paso a otras dos películas sobre mujeres: La Duquesa (Saul Dibb, 2008) y Alma en suplicio (Michael Curtiz, 1945). La primera está basada en la historia de la Duquesa de Devonshire, una mujer que a finales del siglo XVIII se introdujo en la política y apoyó al partido liberal de la Inglaterra de entonces. Esta película retrata a una joven que alcanza un puesto de enorme influencia pero que fracasa absolutamente en lo personal. Su marido es un hombre controlador y mujeriego que solo la desea para obtener de ella un heredero varón (magnífico Ralph Fiennes, lo mejor de esta película); mientras que la duquesa tiene que soportar su continuo chantaje con los hijos comunes e incluso tolerar un ménage à trois con su mejor amiga, una dama de la aristocracia repudiada por su marido. En este aspecto, la película vuelve a mostrarnos un fracaso, pues la duquesa finalmente acepta todas las condiciones impuestas por su marido con tal de permanecer con sus hijos (de nuevo, el sacrificio y la maternidad como ejes conductores de las decisiones de una mujer), lo que de algún modo la revierte de un halo trágico a la vez que conservador (aunque se intenta enfrentar a su marido, claudica todas las veces en que este le amenaza con perder a sus vástagos: la duquesa, pues, renuncia a un valor muy querido por ella y que defiende en sus intervenciones políticas, la libertad).



En cuanto a Alma en suplicio, es una hermosa película de cine negro, un clasicazo sobre otra mujer sacrificada por sus hijos, en concreto, por su hija mayor, a la que quiere dar un bienestar y una vida de rica que la chica le exige como si fuera su obligación moral. Por ella trabaja de sol a sol, por ella ahorra, se casa con un empresario poderoso, por ella, digamos, pierde su vida, su persona e incluso su honor. Apabulla.



Para finalizar, hay otra película interesantes que nombrar, Up in the air (Jason Reitman, 2009), una historia romántica de final agridulce. El guapo George Clooney se dedica a despedir gente: es decir, es contratado por empresas para realizar EREs (qué de actualidad está el tema) en sustitución de los jefes de la propia empresa. Un trabajo desagradable que él realiza de manera rutinaria gracias a su actitud vital: no atarse a nada ni a nadie. Hasta que lo hace: se encuentra una novia y se acerca de nuevo a su olvidada familia. La moraleja del cuento de hadas es: ten cuidado, podrían pagarte con tu misma moneda, y así es. En el momento en que desea la estabilidad de una pareja y de un hogar, toda su vida se tambalea y sus valores sufren el típico descalabro del personaje que se está buscando a sí mismo huyendo todo el tiempo. Curiosa.


 

jueves, 13 de octubre de 2011

MOON

Imagina que durante tres años has vivido solo en la Luna. En una nave espacial tu único interlocutor ha sido un robot amable y simpático, servicial, solícito, siempre a tu disposiciòn. Los mensajes de la Tierra han llegado en diferido, por la imposibilidad de contactar en directo con tu familia o tus jefes. Imagina que te quedan dos semanas para volver de nuevo a estar en casa, ver a tu hija pequeña casi desconocida, tocar a tu mujer.... Entonces, sufres un accidente.

Esto no es lo peor. Lo peor es sobrevivir y que te rescate por casualidad un tipo exactamente igual a ti, que tiene los mismos recuerdos que tú, las mismas habilidades y casi idéntico sentimientos.
Moon es una película sobre la identidad personal y sobre el concepto de lo individual. Muchos que hubiera como tú, cada uno sería único, parece explicarnos esta historia. Lo hace de una manera pausada, hermosa, valiéndose de la intriga y del suspense, a través de una fotografía fría y una recreación extraña y fascinante de la Luna. La historia se mantiene gracias a un solo actor, Sam Rockwell, que hace un trabajo sublime y la voz de otro, Kevin Spacey, que se la presta al robot.



Por otro lado está la música, una excelente y pequeña selección de canciones pop, como no podía ser menos viniendo del hijo de David Bowie. En definitiva, una película menor pero fascinante.



jueves, 2 de junio de 2011

CENTAUROS DEL DESIERTO



Esta hermosa película se abre y se cierra con una puerta. Es el símbolo de que vamos a introducirnos en la vida personal de un individuo muy particular, un hombre sin familia propia, que ha vuelto de la guerra civil de secesión convertido en un ser poco amistoso, en concreto con los indios, contra los que suponemos que ha guerreado después de la contienda norteamericana.
Para muchos, esta película es xenófoba e incluso racista. Se equivocan: así no es la película, sino el personaje. La historia no es un alegato a favor de la superioridad de los blancos, aunque es evidente que el punto de vista es ese. Los indios son representados en masa y como seres salvajes sin moral, que tratan a sus mujeres como objetos a las que venden gustosos por un sombrero. La visión es reduccionisa, pero, no lo olvidemos. No es una película sobre los indios, sino sobre una forma de vida, sobre un personaje, una transformación, una búsqueda (de ahí el título en inglés).


Hay aspectos que introducen matices que no permiten reducir esta película a ese mensaje simple:


-La historia que se narra nos retrotrae a un lugar y una época en la que no había leyes establecidas y la justicia se tomaba por la mano de cada cual.


-Refleja un paisaje duro y antipático que pertenecía primigeniamente a un pueblo que lo defiende. No obstante, los nuevos colonos también luchan por una vida y buscan la prosperidad, la mayoria son emigrantes europeos que han huido de la pobreza y son capaces de enfrentarse a lo que sea por su trozo de tierra.


-El personaje de John Wayne es el principal en la trama. Realiza un viaje que dura años por ese duro paisaje en busca de su sobrina. Los indios la han raptado: son, sin duda alguna, el enemigo. Sin embargo, el paso de los años y el peso de la andadura hacen cambiar a este hombre que había perdido los sentimientos en la guerra. El contacto con su sobrino postizo, acogido en la familia que muere asesinada al comienzo de la película, un chico medio mestizo, va transformando su visión unilateral y poco racional del gran enemigo.


-La pelicula se cierra con otra historia que no se cuenta: ¿qué ocurre con la sobrina rescatada de su vida indígena? Ella misma lo confiesa: ha crecido con ellos, es "su gente". Cuando muere su marido, el jefe indio, se deja llevar por su tío y primo "de vuelta al verdadero hogar". ¿Verdadero? Si bien la reciben como la bienhallada, ¿cómo se desenvolverá esa chica en su anterior vida y estatus? Esa duda la expresa muy bien la amada del sobrino mestizo: probablemente ella no quiera volver, ya es una india. Y en un primer momento, es la reacción del tío despechado: ella ya no es una de ellos, de los blancos. A pesar de todo, se aviene a la insistencia de su sobrino postizo. Tantos años buscándola, una vez hallada, ¿no habría que devolverla a su origen? Es el mestizo el que insiste, curiosamente. Al fin y al cabo, los orígenes nos dan un significado existencial; él, cuyos orígenes se ponen en duda tantas veces por su tío, los defiende como un elemento vital y fundamental.



Como digo, en esta película hay un retrato claro de un personaje que recobra sus sentimientos y un retrato difuso que conduce directamente al problema de la integración, la identidad y los orígenes: el de la sobrina raptada y reconvertida en india.



Una lectura simplificada de esta película como una visión xenófoba de los indios resultaría pobre si no se ocupa de entender que estos son un elemento de oposición que mueve la trama y la transformación del personaje en un contexto muy concreto y definido, con unas características determinadas: la lucha por la tierra, la huida de la pobreza, la supervivencia en un medio poco acogedor por el clima y la falta de agua. Vuelvo a repetir: se retrata un estilo de vida, una forma de resistencia, la del blanco colonizador, pero ese es el punto de vista elegido y el que hemos de respetar si asumimos la verosimilitud de la acción narrada.



Nunca será una pérdida de tiempo pasar un buen rato revisionando esta película hermosa y épica, que fotografía de un modo espectacular el paisaje natural que rodea a estos personajes, que consigue uno de las mejores interpretaciones de John Wayne y que, para terminar, es muestra del poder narrativo de uno de los grandes, de John Ford.






lunes, 23 de mayo de 2011

Primary Colors

En Primary Colors, película de Mike Nichols, se narra la campaña del gobernador Stanton para las primarias presidenciales del Partido Demócrata. El gobernador las gana, así que la historia acaba bien, pero este final no es en absoluto importante. La película se centra en el proceso a través de los ojos de un profesor negro que se acaba viendo involucrado en dicha campaña movido por la capacidad de seducción de Stanton. Y observar los entresijos del proceso es lo más interesante de este film.


Aunque el director, en una entrevista incluida en los extras del DVD, afirma que la historia trata de los escándalos que rodean a un candidato y de cómo manejarlos, esta no es la cuestión principal de la película. Mucho más acertadamente la señala Emma Thompson, inteligente actriz, en su propia entrevista. Ella encarna a la esposa del candidato. Explica que una mujer casada con un hombre carismático debe contar en su matrimonio con la infidelidad. El carisma tiene que ver con la seducción, esta con la libido, afirma ella, y de vez en cuando este tipo de personas olvida la barrera que hay entre seducir con la mirada y la palabra y la propia seducción sexual, con el consiguiente dolor que esto provoca en los más próximos a dichas personas (también seducidas por ellas, muy probablemente).


En definitiva, sí que hay una buena reflexión en torno a los típicos escándalos de candidatos estadounidenses (relaciones gay, consumo de drogas, adolescentes embarazadas....), pero, sobre todo, en esta película hay un buen retrado de un seductor a lo Kennedy o a lo Clinton, de un hombre atractivo y capaz de mostrar sentimientos sinceros hacia los demás, pero lleno de debilidades y miserias debidas a un don que es su gran cruz.


Muy recomendable, amigos cinéfilos.






viernes, 20 de mayo de 2011

THE ROAD



Una película que se titula así debería tratar de un recorrido, de unos personajes que no solo caminan físicamente por una carretera sino que realizan un viaje interior, personal, que les debe cambiar en algo. Esto no está conseguido en la película. Un padre y un hijo van hacia el sur (¿el sur de dónde?), hacia el mar (¿la libertad?, ¿liberándose de qué?) por un paisaje desolado y de tipo apocalíptico en el que tienen que defenderse de caníbales y forajidos. Por qué el mundo ha cambiado y se ha convertido en un lugar hostil, no se cuenta (lo cual hubiera sido un detalle, puesto que el misterio no favorece a la trama). Viggo Mortensen compone un papel más que correcto de padre amantísimo, abandonado por su mujer (quien, muerta de miedo, huye de la casa en la que malviven después de esa transformación radical del mundo) y protector de un hijo que no ha conocido otra cosa que dicha supervivencia hostil. El que cambia "algo" es el padre, que va abandonando su bonhomía por la desconfianza. Solo su hijo conserva la inocencia propia de su edad y le obliga a reconocer a "los buenos" (los que no asaltan y se comen a sus congéneres). Finalmente, la inocencia salva al chiquillo en un final que solo nos hace respirar porque ya termina esta película, cuya primera mitad es aburrida y su segunda mitad solo soportable. Los colores de esta historia recorren la gama del gris en todas sus tonalidades y convierten a esta historia no en una reflexión sobre cómo el hombre se convierte en un lobo para el hombre, sino en eso, un relato sin hondura y tan gris como los fotogramas.



Una película fallida, sin duda.

lunes, 31 de enero de 2011

La suerte de Emma

Dedicado a Clara

http://www.youtube.com/watch?v=sHGX9d9_Xe4

La suerte de Emma es una película emotiva y alegre. Emma es una mujer llena de vida, independiente, autónoma, poco femenina según los cánones, llena de erotismo a la vez.... Pero tiene un problema: le van a embargar su granja. Por su parte, a Marx le diagnostican un cáncer terminal, huye de su trabajo con el dinero negro de su jefe e intenta suicidarse en un coche robado.... Para caer justo en la parcela de nuestra Emma. Esta es la suerte de Emma: le viene el amor y la salvación de su granja en el momento más inesperado, justo como ocurren las cosas en la vida real. Sin embargo, la suerte de Emma es la suerte de Max, puesto que él también encuentra el amor al final de su vida, y encuentra también un lugar donde morir. Pues Emma es una experta en algo inusual, a saber, sacrifica a sus cerdos degollándolos después de abrazarles, y mientras ellos se desangran les habla y arrulla para hacerles morir en paz.... aunque luego se conviertan en unas apetitosas morcillas.
Así pues, ¿es esta película una historia sobre la eutanasia? En parte, sí. ¿Es una película sobre el amor? En parte, sí. En general, se tratan estos temas y otros: la sexualidad, la suerte (ya lo indica el título), la necesidad que tiene la vida de la muerte y la muerte de la vida.... No obstante, hay otro tema que subyace a todos, y que tiene una interesante raigambre alemana, en concreto, en el romanticismo: la contraposición entre la naturaleza y la cultura. Emma representa el primer elemento de la dicotomía. Es una mujer (el género femenino suele identificarse con lo sentimental), tiene una granja, vive en el caos, sola, manifiesta sin complejos su deseo sexual, habita con sus animales a los que deja pulular por su casa, no se depila... Está, en definitiva, "asalvajada". En cambio, Max representa la civilización. Es un hombre (el género masculino se suele relacionar con lo racional), metódico, ordenado, ha vivido siempre en la ciudad, ha tenido un trabajo convenvional, pocas relaciones con el sexo opuesto... Sin embargo, ¿quién ha sido más feliz? Sin duda, Emma. La película es, en este aspecto, un canto a lo natural, que se identifica con la felicidad auténtica. Y esto es, precisamente, lo que gana Max una vez que abandona la cultura de la ciudad, la ortodoxia médica, la competitividad de un trabajo que le alienaba.
En definitiva, La suerte de Emma es una película muy verde que emociona a los espectadores hasta obligarles a sacar el pañuelo del bolsillo y sorber sonoramente sin tapujos. Muy liberadora y recomendable para animar un espíritu decaído.

miércoles, 5 de enero de 2011

IRINA PALM

http://www.youtube.com/watch?v=rqpdgAjKq8A


Esta es una película sencilla sobre una mujer aparentemente vulgar y corriente. Detrás de Irina Palm hay una madre dedicada en cuerpo y alma a su hijo único, una viuda que soporta a la antigua amante de su marido y una abuela cuyo nieto está a punto de morir. Melodramático, ¿verdad? Sí, así es esta película, un melodrama con aires de crítica social, pero no le quedó mal a su director, Sam Garbarski. ¿Cuándo la mujer vulgar, es decir, Maggie, se convierte en una prostituta de nombre exótico? En el momento en que a su nieto le ofrecen un tratamiento en Australia (estamos en Londres) y no hay dinero para pagar el viaje: hijo y nuera están en el paro. El melodrama alcanza sus cotas mayores.
No obstante, el personaje que compone Marianne Faithfull y el resto del elenco salvan de la ñoñería y de la quema a este film que pareciera más propio de una sobremesa dominical. Esta mujer de unos sesenta años, que no tiene ninguna habilidad especial ni titulación alguna, decide ponerse a trabajar para su nieto. Y no encuentra nada mejor que la prostitución. No se trata, en su caso, de ofrecer su cuerpo, sino su mano, de usarla para masturbar a hombres que únicamente introducen su miembro por un agujero y reciben la satisfacción de mano de la mujer que se halla detrás de la pared. Esta, muy pulcramente, realiza toda la operación sin que el cliente y ella tengan otro trato.
La suerte acompaña a la nueva mujer que es Irina Palm: los hombres hacen cola ante el sexshop y el dueño, un hombre del este rudo y con pocos escrúpulos, se hace de oro. La compañera de Irina es despedida, puesto que no su arte ya no puede con la fama de Irina Palm.
Los problemas de Maggie continúan cuando la gente de su entorno empieza a hacerse preguntas: ¿dónde se mete la abnegada viuda durante el día? ¿Por qué visita menos a su nieto? Finalmente, la verdadera mujer que es Irina se tiene que enfrentar a la moral de sus vecinos y de su hijo. Ninguno acepta que Maggie se dedique a esta "profesión", ni siquiera por su altruista motivo. La única persona que la apoya es su nuera Sara, con la que su relación era antagónica. Ella es la que entiende que Maggie se ha sacrificado por su nieto, el hijo de Sara, y la comprende como madre que también es.
La película acaba bien. No es un drama que destruye a los personajes. Maggie no solo salva a su nieto, sino a su jefe. No obstante, a pesar de ser una película menor, no deja de tener momentos interesantes, la trama está bien resuelta y la sordidez del mundo de los sexshop está retratada con elegancia, sin acudir a los aspectos más morbosos, lo cual se agradece. Al final, esta es una película de redenciones y salvaciones, y uno acaba con un buen sabor de boca: el mundo no es tan malo.
Os dejo con una canción de la actriz protagonista, cuyo título viene a cuento: http://www.youtube.com/watch?v=Wlnl3CGG56M&feature=fvsr

domingo, 25 de julio de 2010

Furia



http://www.youtube.com/watch?v=tNzL9idmieI

Recuerdo de cuando era niña los ciclos de cine en TVE. Hubo uno dedicado a todas las películas de Spencer Tracy. Así que es posible que más de uno haya visto ya Furia, dirigida por el gran Fritz Lang, pero si no lo habéis hecho, por favor, alquiladla en el videoclub más cercano (si encontráis alguno, ejem), pedídsela prestada a alguien, buscadla en internet. Furia es una excelente película, una obra maestra, un clásico (quiera decir lo que quiera este término).
Joe Wilson es un hombre común y corriente que va en su coche a casarse con su novia, una maestra que ha tenido que ir a otra ciudad a trabajar. En el camino lo confunden con un maleante. El deseo de atrapar al ladrón y cumplir ante la comunidad hace que el sheriff lo encarcele sin pruebas. No contentos con eso, los habitantes del pueblecito que vigila el tal sheriff decide lincharlo y, tomados por una demencia colectiva, atacan la prisión, al sheriff y a sus ayudantes y prenden fuego a las celdas. Milagrosamente, Joe Wilson escapa pero es dado por muerto. Este hombre bonachón y apacible vuelve a su casa con sus hermanos y decide esconderse para planear su venganza.
Este argumento aparentemente sencillo le sirve a Fritz Lang para hacer una crítica feroz de la sociedad estadounidense. En la película se hace mención a:
-La idea de comunidad, que acaba muy malparada: ¿tiene un grupo de personas la legitimidad más allá de la ley para decidir el castigo de un individuo que la ataca? En la historia el mensaje es claro: la ley (representada por el sheriff) debe primar sobre el deseo irracional colectivo. No obstante, un sheriff tampoco debe ser elegido por la comunidad, puesto que esta no ha de ser la que condicione las decisiones del que aplica la ley.
-La justicia: ¿garantiza los derechos individuales? No, puesto que está sometida al chantaje de la comunidad.
-Los políticos: el gobernador no manda al ejército para que acabe con el linchamiento hasta el último momento, con el fin de llamar más la atención de la prensa.
-Los periodistas: graban y fotografían el linchamiento como un espectáculo.
Por último, queda el individuo. Solo, enfurecido, decide su venganza. Fritz Lang tampoco defiende esta posición. Joe Wilson manipula pruebas y consigue la pena máxima para los cabecillas del linchamiento. Sin embargo, su novia le recuerda que no son más que hombres que ya han pagado con sufrimiento el que le infligieron a él. De nuevo, ni el individuo ni la comunidad quedan por encima de la ley.
Hay una escena interesante en la que un grupo de caballeros charla en la barbería. El barbero, un inmigrante, es el único que conoce la Constitución americana puesto que se la han hecho leer para hacerle ciudadano americano. Una lección de lo que significa la ciudadanía.
Os recomiendo la lectura de este texto sobre la película:

viernes, 25 de junio de 2010

EL LECTOR (THE READER)



¿Consiguen algunas películas hacer versiones fieles a las novelas que adaptan? ¿Para qué?, dirán algunos: ¿es que pretenden simplemente "ilustrar" dichas novelas? Más bien, como dirían otros, "todo es interpretación". Y aquí tenemos una. Discutible, buena, mala, aceptable, censurable... Esta valoración ya depende de los espectadores. Stephen Daldry consiguió hacer una interpretación interesante con la magnífica Las Horas, puede que más aún que la propia novela. Ya lo afirmó Hitchcock: grandes películas surgen de obras mediocres, y creo que la de Michael Cunningham lo es. No es el caso de El lector. Se trata de una novela corta de Bernhard Schlink en la que se reflexiona sobre la responsabilidad de las generaciones posteriores respecto a los horrores perpetrados durante la II Guerra Mundial. Este tema, importantísimo, se relega en la película a favor de la historia de amor, motivo principal de la novela original pero no "cuestión principal". Así pues, ¿tenemos aquí una interpretación del director o, más bien, una sospechosa adaptación que pretende potenciar el elemento erótico y morboso de la relación entre una mujer colaboradora de los nazis, analfabeta para más señas, y un jovenzuelo que acaba de empezar a ser consciente de su sexualidad? Por lo demás, la película nos hace disfrutar de buenas interpretaciones y de una excelente recreación ambiental, pero, en definitiva, no es más que una película que quiere aspirar al Óscar, ganar dinero y aparentar "calidad" por adaptar una magnífica novela. Decepcionante.
Lo curioso de todo esto es que el director ha leido la historia con atención y la ha entendido correctamente. Sin embargo, no es lo que ofrece en su película. Comprobadlo en la siguiente y divertida entrevista que se hacen entre sí Stephen Daldry y David Kross, actor que da vida al personaje masculino en su juventud: